Carta a las compañeras directivas

21.10.2018

Hace algunos años me pidieron una colaboración para un blog que sería luego editado de forma limitada como parte de un trabajo de un Máster de Edición. La editorial, " En clave de La", reunió diferentes aportaciones relativas a primeras experiencias femeninas.En aquel momento, no llegué a ser consciente de la trascendencia que podía llegar a tener la redacción de aquel texto en mi autoconcepto y en la idea de la mujer directiva actual.

Escribí sobre mi joven y elegida maternidad y no pude resistirme a contar la experiencia que tuve en mi primer destino profesional como Habilitada Nacional, fedataria pública y fiscalizadora de fondos de un ayuntamiento. Cuando le dije al Alcalde que tendría que dar a luz, antes o después, de forma inevitable, me espetó: " eso te pasa por dormir sin bragas". Y continuó fumando en el despacho que compartíamos, porque en aquel municipio de cuyo nombre sí que me acuerdo, el Habilitado Nacional (D. Perengano, como se referían a él, bachiller no licenciado, pero "Don", yo siempre fui allí "la niña"...) nunca había tenido despacho propio. El Secretario Interventor tenía una mesa en un rincón de la Alcaldía. Y allí se llegaban a juntar hasta cinco concejales, de los que fumaban unos cuatro.Mi Alcalde era un buen tipo, no prevaricaba y me escuchaba cuando le explicaba que los "burtos" ( bultos, como él llamaba a los badenes) no podían hacerlos "la cuadrilla esa de rumanos sin papeles" que había llegado al pueblo para coger cebollas.

En aquel primer destino, hice lo que tocaba: aprender a palos. Llegar a las tantas de la noche a mi casa, con alguna que otra parada para atender las náuseas propias del embarazo, los 90 km diarios que me hacía y el pestazo a estiércol de vaca de los establos que lindaban con el ayuntamiento. Pero era una directiva local en ciernes. Y así estuve hasta la semana 38 de embarazo, sin coger vacaciones y sin dejar de trabajar ni un día, hasta que mi Alcalde, que como dije era muy buen tipo, y preocupado como estaba el hombre por mi estado de salud, me dijo que mejor me fuera a casa porque el veterinario estaba de vacaciones y a ver qué hacíamos si me ponía de parto (sic.)

Al poco de nacer el bebé, me convertí en otra directiva. No era directiva europea. Era la Directiva Madre.

Cambié de destino a un provisional de Entrada y descubrí algo fantástico. ¿Conocen el sentimiento ese de ir al gimnasio después de tiempo sin hacer ejercicio y descubrir que les duelen músculos que ni sabían que existían? Pues igual...pero con la cabeza. Descubrí que mi cabeza tenía múltiples compartimentos que permitían un modo de supervivencia básica. Por circunstancias que no vienen al caso, desplegué un potencial similar al de Lara Croft, y lo mismo me peleaba con una poderosa empresa por su particular forma de revisar el precio de los contratos que salía pitando al colegio a recoger al niño febril para hacer tiempo en el médico recordando que tenía que descongelar las pechugas de pollo para mañana porque esta noche cenamos unas verduritas, que tengo que bajar de peso que ya me ha dicho el Alcalde que qué mal me he quedado después del parto y que por qué últimamente vengo tan fea a trabajar. Y es que claro...nadie me explicó que en algunas reuniones, para que te escuchen, tienes que tener el rabillo del ojo pintado. La depilación perfecta, los pelos bien peinados. Las ojeras quedan mal, dan aspecto de yonki trasnochada, y es mejor que parezca que tienes aplomo y seguridad en ti misma porque, cuando el abogado de una multinacional te presiona hasta el infinito para que le " rebajes" la cuota de la tasa que tiene que pagar, necesitas aplomo, cabeza fría, y mano izquierda ( cachis en la mar, que al final no saqué las pechugas del congelador) para ser una buena Directiva y explicarle que no, que la tasa no se negocia como el precio del besugo en el mercado y que no , que de esa mesa no tenemos que " salir todos contentos" porque tu nómina no va al peso y pretendes cobrar exactamente lo mismo a final de mes, pague él más o pague menos.

La vida me lo puso después mucho más emocionante, pero eso lo guardo para futuras entregas. Después de la Directiva Madre me convertí en la Directiva Madredetresniñosendosañosynuevemeses Opositora y estudiante de Máster...del Universo. Gestioné equipos, a veces metí la pata, puse en marcha Departamentos nuevos y a veces, me equivoqué, promocioné profesionalmente y otras veces más, me volví a equivocar. Y entonces, aprendí algo fundamental que me gustaría trasladar a cualquier compañera: las mujeres somos fantásticas. No somos mejores ni peores que los hombres, somos distintas, y somos maravillosas con nuestros millones de defectos. Y aunque desde pequeñas nos hayamos hartado a escuchar que siempre las malas de los cuentos infantiles son otras mujeres, y aunque oigáis estupideces del estilo " lo peor es un equipo solo con mujeres" o " lo peor es que te toque una jefa y no un jefe"... La realidad es bien distinta. Somos polivalentes, somos empáticas, somos más que solventes profesionalmente hablando y no, no somos ni tenemos que ser superwoman. No dudéis en pedir ayuda cuando una situación de maternidad os desborde porque las hormonas las tenéis disparadas el mismo día en que una multinacional entera os presiona y tenéis el pecho a reventar de dolor porque no encontráis el momento de iros al baño a sacaros la leche con el sacaleches.

No os quebréis cuando no os reconozcáis en el espejo porque el agotamiento os impide ver qué seguís siendo las mismas que ahora estáis dispuestas a comeros el mundo llenas de ilusión. En cualquier profesión vais a encontrar mujeres fabulosas y grandes compañeros que estarán dispuestos a cubriros y ayudaros cuando lo necesitéis porque no tenéis que demostrar nada a nadie. Ahora lo veis muy lógico y algunas hasta creeréis que soy una desfasada, pero este país nuestro es muy variopinto y, aparte de que las instituciones no están aún preparadas, se nos pide que motivemos, coordinemos y dirijamos equipos en un entorno cuyo subconsciente colectivo está a años luz de comprender la situación en las os veréis muchas de vosotras.

Yo trabajo para que mi hija encuentre otro país, otro mundo en el que no se quiera la igualdad canalla, sino la equidad justa y las mujeres no se avergüencen de su aspecto físico porque sean ridiculizadas en público por un Alcalde por no ir lo bastante mona ni atacada por otra compañera por ir demasiado arreglada. Y, si mi contribución en este blog sirve para que, el día de mañana, no tengáis reparo alguno en pedirme ayuda, lo daré por bien escrito.