Metiditos a remojo en la bañera de las leyes

18.11.2018

Hace muchos años que quería hacer esto. Me siento en la obligación de decirle a mis conciudadanos que tienen razón. Que el sistema no protege como debe. Que el Estado del bienestar tiene "lagunillas". Y no es una cuestión (o no sólo) ideológica. En este blog no hablaremos de partidos políticos ni de ideas o modos de gobierno. Sólo vamos a analizar, a lo largo de las próximas entradas, lo que tenemos... y a tomar medidas de supervivencia en consecuencia.

Imaginemos ( y lo haremos mucho, como recurso didáctico, para visualizar de forma práctica lo que, de entrada, nos parece intragable) que hemos decidido salir de excursión. Elegimos un día y, cuando este llega, llueve. Nos gustará más o menos, pero llueve. No entramos a valorar la lluvia. La aceptamos. Y ahora, elegimos libremente salir o no. Y, si salimos, elegimos mojarnos o no. Y, si elegimos no mojarnos, podemos hacerlo usando un impermeable o un paraguas. Pues eso vamos a hacer aquí. Sí, llueve. Es lo que hay. Lo siento, de verdad, yo querría que tuvieras un día brillante con sol moderado y temperatura media de veinticinco grados. Pero llueve. Y como no es culpa mía ni tuya, pero yo sí intuyo dónde hay paraguas e impermeables, te lo voy a contar. Porque así, habrá veces que elijas no salir. Pero habrá otras en la que sentirás la libertad de elegir salir y elegir qué usar para guarecerte de la lluvia si decides no mojarte.

Como decía, el sistema no termina de funcionar. Yo lo veo con claridad meridiana. Como dije en mi descripción, llevo trabajando por y para la Administración española desde el año 2003 y trabajo en el sector público por vocación. Ya era un bicho raro en la Facultad de Derecho cuando confesaba que me encantaba el Derecho Administrativo. Reina la idea general de que el Derecho es para perseguir maleantes o ser abogado y forrarse (quien pueda). Se identifica el Derecho con la rama del Derecho Penal e imaginamos juicios como los de las series americanas que vemos. Y no es necesariamente así.

El Derecho regula tu vida en todo momento. Cada minuto de tu vida. No vamos a profundizar sobre las ideas del contrato social y la creación del Estado, pero sí que vamos a mencionar el punto de partida: o tenemos reglas o nos matamos. Ya está. ¿Ves que fácil? En cualquier especie animal reina el más fuerte y somos animales. Como lo de ir matándonos por ahí está muy feo, en algún momento se decidió que era mejor tener unas cuantas normas que nos hicieran la vida más fácil. Y a eso lo llamamos civilización. Y cuando una pareja se separa sin matarse, los familiares comentan en la comida del domingo que ha sido un divorcio "muy civilizado".

O tenemos reglas o nos matamos. En cualquier especie animal reina el más fuerte y somos animales. Como lo de ir matándonos por ahí está muy feo, en algún momento se decidió que era mejor tener unas cuantas normas que nos hicieran la vida más fácil. Y a eso lo llamamos civilización.

 De modo que vives en una casa que o bien has comprado ( y tienes un derecho de propiedad regulado en el Código Civil) o la has alquilado (habrás oído hablar de una Ley de Arrendamientos Urbanos). Te levantas y te lavas la cara con el agua que sale del grifo. ¡No sabes la de cosas que han pasado para que el agua salga por el grifo! La constructora pidió mil permisos al Ayuntamiento, que dio licencias de obra mayor según la normativa urbanística de tu Comunidad Autónoma y de tu Ayuntamiento. El agua tiene un coste que o bien cobra directamente el Ayuntamiento o lo hace una empresa concesionaria. Te aseas con peine, colonia y demás que compraste en el súper pagando el IVA (o el IGIC si estás en Canarias) y te vas al trabajo en tren o en autobús que, como el agua, te cobra un precio y gestiona una concesionaria. A lo mejor no te dejan subir al autobús porque tienes gemelos y prohíben la entrada a los carros gemelares (sé que suena increíble, pero hasta hace bien poco la Comunidad de Madrid los tenía prohibidos por una Orden de la Consejería de Transportes) y, al fin, después de, quizás, usar la guardería donde dejas a tus críos (quizá pública- y venga normas-, o quizá no - y venga normas también), llegas al trabajo donde tienes una serie de derechos de los que has oído hablar por ahí pero rara vez ves y un montón de obligaciones que, si no cumples, te suponen un despido...y venga normas.

En el peor de los casos, pretendes opositar "a algo" pero es que ni sabes por dónde empezar porque hay tantas Administraciones que ya ni sabes qué temario coger ni cómo organizarte.

No hace falta que te agobie más porque ya tenemos clarito, clarito, que estamos bañados en Derecho a cada minuto. En remojo, como los garbanzos. Esto es bastante angustiante porque, cuando estamos malos, queremos saber qué tenemos. Queremos que nos digan qué medicina tomar y queremos que se nos pase para estar de nuevo sanos. Pero el baño de Derecho no se quita. No se pasa. Y no tiene medicamento que te lo evite. Porque recuerda...si no tenemos normas, nos matamos. ¿Dónde está el principal problema? En que yo creo que el asunto era tener unas cuantas normas. Y no tenemos unas cuantas. Tenemos un maremágnum legislativo y reglamentario tan atroz, que hasta los que nos dedicamos a esto estamos mareados. ¿Cómo no lo vas a estar tú?

Otro día os cuento por qué nos pasa todo esto, que es la mar de divertido. Porque una vez que se entiende, nos deja de molestar tanto.  Una de las cosas que peor llevamos los seres humanos es que sucedan cosas contra nuestra voluntad y sin saber por qué. Nos exaspera!! Pero comprender es un paso previo a aceptar. Una cosa es querer transformar lo mejorable (sano inconformismo) y otra muy distinta amargarnos cada vez que llueva cuando vamos de excursión.

Feliz semana a todos.