La era Matrix

24.03.2019

Parece que hay que ser ingeniero informático para sobrevivir. Es así. O aficionadillo espabilado. O una crack de las telecomunicaciones. Si no, has muerto. Pero ha llegado la Era Digital a la Administración, no vale morirse y, lo que se suponía que iba a facilitar trámites se convierte, a veces, en un obstáculo burrocrático más.

En lo que se refiere a la Administración electrónica, se ha diagnosticado una gran diferencia entre las distintas Administraciones y una gran diferencia entre los distintos usuarios. Es lo que llaman "la brecha digital". Para que nos entendamos: hace cien años, en este país había algunos eruditos y muchos analfabetos. Existía una brecha cultural. Ahora, casi todo el mundo sabe leer y escribir. ¿Cómo se arregló? Con la universalización de la enseñanza, la aparición de los colegios concertados, la progresiva implantación de centros públicos y la escolarización obligatoria.

Ahora toca repetir el proceso en lo que respecta a la tecnología pero algunos políticos no se han enterado todavía. Los responsables de la generalización de la cultura no han hecho nada al respecto durante años (o hicieron poquísimo) y la brecha ahora come, digo engulle, a los ciudadanos. Que se desesperan cada vez que intentan hacer algo al modo tradicional y se les dice que ya no se puede porque toca pelearse con el ordenador. Y es que todo esto debió resolverse desde el año 2007, que se habló en una Ley de la Administración Electrónica. Y llevamos doce (doce!!) años de retraso.

Por eso tenemos estos tres posibles escenarios:

  • Tenemos administraciones públicas punteras con un ejército de informáticos y desarrolladores con altos niveles de interoperabilidad. Esa palabra tan larga significa que los aparatos se entienden entre ellos. Si yo hablo español con un ruso que solo habla su idioma, no nos entendemos. No somos interoperables.

En ese escenario se mueven bien los ciudadanos que controlan muchísimo del tema. Y por supuesto, hablan inglés. No les asustan los "pluggins" o las cookies, conocen lo que es un sistema operativo y sus características, saben hacer particiones de un disco duro e instalarse dos sistemas operativos distintos en el ordenador. Van por la vida llenos de pen drives, no usan el papel, pagan con Apps instaladas en el móvil.

  • También tenemos administraciones que están aún lejos de conseguir tan deseada interoperabilidad. Esas son las que más te desesperan. Porque tienen mucho lustre, presumen de ser modernas y, a la hora de la verdad, te fallan. Diste de baja el coche en Tráfico y te vuelve a llegar el recibo del impuesto del coche de tu Ayuntamiento. Y te enfadas. Claro que te enfadas. Porque no es lo mismo ir a comer a una humilde tasca de pueblo y que te ofrezcan una carta normalita que ir a un dos estrellas Michelín y que te den esa misma carta. Te enfada. Claro, porque de la tasca te lo esperas, pero en el restaurante pijo te parece una tomadura de pelo. Además, como no te sabes lo de la interoperabilidad, no entiendes bien qué es lo que falla. Pues falla que, aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Y aunque a la tasca le cambies la fachada y le plantes el cuadro con las estrellas, sigue siendo tasca. Y el empleado de la tasca que te deja los cubiertos dentro de la cesta del pan para que tú mismo los cojas, sigue siendo el mismo. Le han puesto pajarita y chaqueta pero nada más. Sigue sin saber de carta de vinos, no sabe ni dónde dejarte el pan y por supuesto no esperes que te enseñe a ti a distinguir qué copa toca coger de las cuatro que te han colocado en la mesa. No te enfades con él. No es culpa suya. Recuerda: el hábito no hace al monje, ni la pajarita al maître. Ni un ordenador convierte al funcionario en especialista en informática. Claro, tú vas a decir que eso no es culpa tuya, que tú eres el cliente. Y eso está muy bien porque ese es tu derecho. El de ser asistido. Y el de comprender lo que te dicen. Tú eres una persona muy bien mandada que intenta cumplir con sus obligaciones y que no tienes porqué saber lo que es el Java, ni qué tipo de navegador usas y mucho menos qué versión. Porque en tu cole no te lo enseñaron. Porque no está en los planes de estudios. Porque, a día de hoy, no hay una enseñanza obligatoria. Porque informática hace tiempo que debería ser una asignatura obligatoria en todos los planes de estudios. Y no lo es. Y tenemos un país inmerso en la era digital llenito de analfabetos digitales. Ole ahí.

Mi impresión es que este es el escenario mayoritario: el de funcionarios perdidos y ciudadanos indignados, frustrados y molestos.

  • Pero queda aún un tercer escenario que afecta a las personas que aún son reticentes en el empleo de las herramientas tecnológicas (también llamadas "tics"). Parece que un sector de la población no acepta o entiende que la era de la inteligencia artificial ha llegado. Pero es así. No nos tiene que gustar ni que desagradar. Es una realidad y toca aceptarlo y adaptarse. Cuando vas al cole no te preguntan si te gustan las matemáticas o la Historia. Las tienes que aprender. Y lo suyo es que la propia metodología de enseñanza haga que te gusten esas asignaturas. Pues lo mismo pasa con la tecnología. Está aquí. No vale decir "es que esto no es lo mío". Lo es. Deja de rechazarlo, porque lo es. O vete a lo alto de un cerro a vivir como un ermitaño. Pero no me digas que la tecnología no es lo tuyo si eres capaz de tener Netflix, si ves los partidos de fútbol en la tablet, si sabes comprar entradas para el cine por internet o si mandas emails. Señoras y señores, están ustedes vivos hoy. Hoy es 2019 y este día en que usted me lee es tan mío como suyo o de su nieto o de su madre. Si sabe mandar whatsapp y le encanta que le lleguen las fotos de los hijos y demás familia, abrace la tecnología como lo que es: una herramienta para facilitarnos la vida. Lo que sucede, simplemente, es que no la sabemos usar. Pues toca ponerse las pilas (otra vez) y aprender. 


Pues lo mismo pasa con la tecnología. Está aquí. No vale decir "es que esto no es lo mío". Lo es. Deja de rechazarlo, porque lo es. O vete a lo alto de un cerro a vivir como un ermitaño.

En este escenario hay bastantes ciudadanos y aquí viene el problema: también empleados públicos. Yo a esos les invito a presentar la renuncia y dejar paso a quien tenga ganas de aprender. O nos adecuamos a los puestos que ocupamos o toca irse. No lo tomemos a mal, ya lo dijo Lola Flores: "si me queréis, irse". Lo que no es de recibo es que un rechazo frontal a lo tecnológico ralentice procedimientos, dificulte la realización de tareas a otros compañeros y, a la postre, perjudiquemos a los ciudadanos mientras seguimos poniendo la mano cada mes para cobrar la nómina. Eso es horroroso y una tomadura de pelo para los que nos pagan el sueldo con sus impuestos. 

O nos adecuamos a los puestos que ocupamos o toca irse. No lo tomemos a mal, ya lo dijo Lola Flores: "si me queréis, irse".

No vuelvas a decir "no quiero saber de tecnología" si ocupas un puesto público. Mala suerte, la tecnología ES lo tuyo en el momento en que se aprobó una norma que dice que los procedimientos serán electrónicos. Y los pagos. Y el registro. Y la misma norma dice, además, que tenemos obligación de asistir a los ciudadanos. Se acabó lo de "yo de esto no sé, vaya a otro sitio". Es que tienes que saber y además tienes que poder asistir al ciudadano que no sepa. Pregunta si no sabes, exige formación, habla con los representantes de los trabajadores y con los políticos si necesitas cursos y no te los ofrecen. O sigue en tus trece negándote a aprender, pero entonces apechuga y vete a lo alto del cerro en plan anacoreta.

Ahora veamos: 

Si estás en el primer escenario estás de suerte. Nos das mucha envidia.

Si estás en el tercero, no tienes derecho ni a enfadarte, porque eres tú quien, con tu actitud, decide no aprender. Si encima estás dentro del aparato burocrático, espero que mis palabras te quiten el sueño y la bruja Lola te ponga dos velas negras si te emperras en no querer aprender.

Y si estás en el mayoritario segundo escenario, como ciudadana corriente y moliente ofrezco estos consejos prácticos a los sufridores del sistema:

  • Sácate un certificado digital. Sin él no eres nadie en el mundo digital (que, te recuerdo, es nuestro mundo hoy en día). Los puedes obtener de mil maneras, el más común es el de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (FNMT). El certificado digital es como tu huella dactilar. Es un fichero precioso que se instala en el navegador (el programa que pinchas para entrar en internet: Internet Explorer, Chrome, Mozilla, Safari...etc) y dice que tú eres tú.  
  • Es muy sencillo de obtener: entras en la web y sigues los pasos. Si eres persona torponcilla, busca ayuda del cuñado, la prima, la amiga de tu vecina. Pero hazlo y no remolonees más. Ten en cuenta que vas a tener que ir a identificarte ante la entidad que te emita el certificado u otra autorizada o emisora al menos la primera vez (para que vean que, efectivamente, tú eres tú y no alguien que se quiera hacer pasar por tí). Pero una vez dado ese paso, no tendrás que ir presencialmente a casi nada, porque el ficherito hará su parte mágica y te identificarás por internet sin problema.
  • Si no te convence lo anterior, cómprate un lector de tarjetas y activa tu DNI en cualquier comisaría. Ahora el DNI tiene un microchip electrónico y todos tenemos una versión de nuestra identidad plasmada en Matrix.
  • JAMÁS DE LOS JAMASES le des tu certificado digital a otra persona. NI A TU ASESOR. Tu asesor que entre con el suyo en representación tuya, pero que no se haga pasar por tí.
  • Mira vídeos en Youtube sobre las cosas que no sepas hacer. Tómatelo tan en serio como aprender a conducir. Si en su día dedicaste tiempo, dinero y esfuerzo a aprender a manejar un coche y moverte por la carretera porque eso no estaba incluido en la enseñanza obligatoria, te toca hacer lo mismo para aprender a manejar un dispositivo electrónico y moverte por la carretera digital. Puedes sustituir el coche por la moto, el camión o el barco, pero no puedes sustituir lo electrónico.

En definitiva, acepta y abraza en modo zen a la tecnología. Déjate de quejas de abuelo cebolleta y disfruta de lo que esta nueva etapa te ofrece: mejoras en la Ciencia y la Medicina, en la investigación. Mejoras en las técnicas de prevención de daños. Mejoras en la intercomunicación de las personas y posibilidad de que cualquier ciudadano pueda entrar a revisarle las tripas a la Administración y operar, con su certificado digital, sobre sus propios expedientes.

Acepta la lluvia y sal a mojarte. Ha llegado tu hora.