Derecho a comprender

02.12.2018

¿Crees que los textos legales, las normas y los escritos que nos llegan de la Administración se entienden bien? Si crees que sí, estás de suerte, porque perteneces al 18% de la población que los comprende. Esta entrada en el blog está dedicada al 82% restante.

Es frecuente que la gente se queje de que no entiende lo que les llega por escrito. Las quejas formuladas ante el Servicio de atención al ciudadano del Consejo General del Poder Judicial indican que el lenguaje jurídico es críptico (como los jeroglíficos) y oscuro (vamos camino de Mordor), y que resulta incomprensible para el ciudadano, especialmente en aquellos procedimientos en los que no hay que tener abogado. Esto merece, en mi opinión, una doble consideración:

En primer lugar, la Administración Pública debe hacer por acercar el lenguaje al ciudadano. Cada vez más Administraciones Públicas han editado manuales de estilo en los que, por ejemplo, se recomienda a los funcionarios que eviten el uso indiscriminado de gerundios y frases subordinadas infinitas que, para rematar la faena, a veces ni siquiera aparecen ligadas a su oración principal, rompiendo la sintaxis de los párrafos. Por otro lado, se recomienda que se evite el uso de latinismos que tienen su traducción al castellano.

En un informe de 2011 de la Comisión de Modernización del Lenguaje Jurídico se nos recuerda que la Carta de Derechos del Ciudadano ante la Justicia, aprobada por unanimidad por el Pleno del Congreso de los Diputados el 16 de abril de 2002, hace de la claridad del Derecho una política pública y reconoce a la ciudadanía el derecho a comprender. ¿Alguien sabía esto? 


Que desde el 2002 tienes "derecho a comprender" significa que desde 2002 tienes derecho a exigir el cumplimiento de ese derecho. Si no lo sabes, no lo exiges, si no lo exiges, nada cambia. Hay que aceptarlo como fallo del sistema. Como dicen en mi tierra (y quizás también en la tuya), "el que no llora no mama". 


Esa Comisión tan fantástica, cuyo informe puedes encontrar fácilmente en internet, dice todas estas cosas maravillosas:

"El ciudadano tiene derecho a que las notificaciones, citaciones, emplazamientos y requerimientos contengan términos sencillos y comprensibles y se evite el uso de elementos intimidatorios innecesarios. El ciudadano tiene derecho a que en las vistas y comparecencias se utilice un lenguaje que, respetando las exigencias técnicas necesarias, resulte comprensible para los ciudadanos que no sean especialistas en derecho. El ciudadano tiene derecho a que en las sentencias y demás resoluciones judiciales se redacten de tal forma que sean. comprensibles por sus destinatarios, empleando una sintaxis y estructura sencillas, sin perjuicio de su rigor técnico. La ciudadanía tiene derecho a comprender, sin la mediación de un "traductor", las comunicaciones verbales o escritas de los profesionales del derecho. Un mal uso del lenguaje por parte de estos genera inseguridad jurídica e incide negativamente en la solución de los conflictos sociales".

En definitiva, queridos empleados públicos entre los que me incluyo: no somos más guays ni aparentamos saber más porque inundemos los escritos de términos que nadie entiende. Eso no nos hace más sabios y ni nos posiciona por encima del receptor. Qué va. Eso es lo que inconscientemente creemos: que el otro es lelo y no me entiende, con lo clarito que hablo yo. Pues no. A lo mejor, simplemente, no hablo tan clarito. ¿No les parece que de fondo hay cierto tufillo de aires de grandeza, o que al menos damos esa imagen a las personas a las que servimos?

Y en segundo lugar, dedicado a la querida persona que normalmente no entiende nada y que se ha regocijado leyendo lo anterior: no te rías tanto que tú también tienes responsabilidad en este asunto. Pon cabeza para vivir mejor. 
Una cosa es que haya escritos administrativos infumables y otra que hay veces en las que no haces ni el esfuerzo de comprender. Porque hay palabras que son lo que son y tienen el significado que tienen, no son sustituibles y forman parte de tu idioma. ¿Que nos estamos atocinando desde hace años, que cada vez se lee menos y que hemos perdido el hábito de redactar? Ah. Eso es otro cantar. Pero conocer bien tu lengua es responsabilidad tuya y nada más que tuya. Si dejaste los estudios básicos con un cinco pelado en lenguaje...pues pasan esas cosas. De diez, cinco es la mitad. Así que a lo peor, sólo dominas tu lengua " a la mitad". Coge un diccionario y lee y aprende. No culpemos a la Administración de la incultura que tenemos. Y menos en la era del acceso inmediato al conocimiento.

Estoy acostumbrada a ver a gente que viene con una deuda y no puede pagar y se lía con los expedientes de fraccionamiento y de aplazamiento. Y peor aún: se lían hasta los propios empleados públicos. 
Pero vamos a ver. ¿Desde cuándo es lo mismo fraccionar que aplazar? Y eso no es lenguaje financiero o administrativo. Eso es castellano normal y corriente. Fraccionar significa dividir. Lo sabemos todos de las matemáticas más básicas de cualquier cole de España. Si fracciono, hago pedacitos de deuda. Pero aplazar significa retrasar. Tengo un plazo y como veo que no llego, lo aplazo. Todos aplazamos cosas. Señora, usted aplazó el sábado pasado la cita de la peluquería porque no le daba tiempo a llegar y la pasó al lunes porque vio que el tinte le aguantaba todavía un par de días más. No me diga ahora que no entiende lo que significa aplazar. Lo que pasa es que no ha pensado en ello. Porque vamos por la vida como autómatas y no pensamos. Nos da pereza. Me parto. Nos da pereza pensar. Pues nada, nada, no piense. Y siga así, en modo piloto automático eternamente. Pero haga el favor, entonces, de dejar de protestar porque no le gusta cómo están las cosas. Quizá no queremos pensar justamente porque eso nos obliga a darnos cuenta de nuestra cuota de responsabilidad en todo lo que pasa a nuestro alrededor... Disculpen mi franqueza, es que escribo esto sentada en una silla incomodísima de un box de urgencias de un hospital a las cinco de la mañana mientras mi hija se entretiene jugando con una tablet, haciendo tiempo con una mascarilla de oxígeno puesta porque se despertó asfixiada. No se alarmen, supongo que será un catarrazo que le pasó a los bronquios. La cuestión es que cuando el médico pasa de vez en cuando y me habla, yo puedo hacer dos cosas. Tener pereza de pensar y quejarme de que me habla con términos técnicos o poner atención y aprender palabras como estilsona, saturación o bronquio. Puedo salir de aquí criticando al médico por no acercarme el lenguaje o puedo preguntar algún término que no conozca o anotarlo en el movil y buscar luego en Internet. Puedo ponerme las pilas y aprender. Y eso nadie lo puede hacer por mí. Ni cien Comisiones de Modernización juntas con toda la fuerza de los Jedis.